Un artículo de Daniel Salamanca-
Vicepresidente del Colegio de Mediadores de seguros de Balears y Director de Formación

 

Entender la calidad y el trabajo bien hecho como algo natural, adaptarse y evolucionar a diferentes culturas empresariales, puestos, proyectos y circunstancias, y al mismo tiempo, tener capacidad de relación con los demás, voluntad de ganarse, por su forma trabajar, el respeto profesional de los compañeros, y de los clientes (y de su equipo si es jefe), junto con un permanente espíritu de aprendizaje y cumplimiento de compromisos.

Éstos han de ser los ejes que, en la actualidad, deben mover los movimientos y decisiones en y para nuestra empresa.

 

A continuación se indican una serie de normas para obtener el éxito, en nuestra labor de profesionales de la mediación.

 

1. Capacidad y disposición para el aprendizaje.

La formación se perfila como la base imprescindible y primordial para el desarrollo de las capacidades del profesional. El entorno laboral actual exige una permanente puesta al día de conocimientos para competir desde una buena posición. Tanto los idiomas, las normativas administrativas como el conocimiento y uso de herramientas informáticas, así como de las nuevas necesidades del consumidor y los últimos productos aseguradores para su satisfacción, además de ser competentes en habilidades socio-comunicativas, van ligados al perfil del Profesional del siglo XXI.

2. Saber aplicar los conocimientos y capacidades.

El mejor profesional no es el que acumula un vasto historial académico y/o profesional, sino el que sabe dar la mejor respuesta a las propias demandas que conlleva el ejercicio de su profesión. La preferencia por una «cabeza bien amueblada» mejor que una «mente repleta» debe ser la nueva regla de juego.

3. Flexibilidad vs. adaptación al cambio.

Ser capaz de adaptarse a un entorno y unas estructuras organizativas en constante cambio es uno de los aspectos que más se valoran en las empresas en la actualidad. Los candidatos más buscados por ellas son aquellos con amplia disponibilidad para adaptarse fácilmente a la realización de nuevas tareas y responsabilidades, realizar viajes frecuentes, y trabajar en las oficinas de la compañía ubicadas en otras localidades, e incluso países, en caso de trabajar para terceros.

4. Trabajo en equipo.

Las organizaciones hoy en día potencian esencialmente la creación de equipos de trabajo multidisciplinares. Han observado que la coordinación de actividades y la resolución de problemas en equipo es altamente ágil y eficaz, de ahí la necesidad de poder contar con personas dispuestas a integrarse en este tipo de estructuras organizativas.

5. Relaciones interpersonales y comunicación.

Uno de los aspectos que más destaca y más se valoran de un buen profesional es su habilidad para la comunicación y su forma de interactuar en un entorno de negocios con sus propios compañeros, sus clientes y proveedores; saber dirigirse a audiencias de diverso tipo; saber negociar; o saber conversar de forma activa y fluida en reuniones de trabajo, entre otros.

6. Innovación y creatividad.

El pensamiento creativo e innovador son dos motores claros de avance dentro de cualquier sociedad. Los empresarios saben que contar con personas capaces de desarrollar estas habilidades para la resolución de problemas, gestación de nuevas ideas y puesta en marcha de proyectos ambiciosos, son la mejor garantía de competitividad para cualquier negocio.

7. Capacidad de gestión v autoqestión.

La responsabilidad para asumir nuevos retos y la autonomía en el desempeño de las funciones encomendadas y asumidas dentro de una organización suponen grandes bazas para la obtención del éxito. Las empresas se han de formar con profesionales resolutivos, eficaces, que se impliquen en la toma de decisiones, y que sean tan productivos trabajando solos como en el seno de un equipo.

8. Motivación, iniciativa e implicación.

Estas tres características definen un profesional con una actitud favorable y muy activa dentro de la empresa, con gran interés por la cultura de la organización, con un gran potencial para resolver problemas y situaciones difíciles, lo que le convierten en un recurso esencial para el éxito de la empresa.

9. Dotes de mando y liderazqo.

El liderazgo se ha convertido últimamente en una de las palabras de uso cotidiano en el entorno de la dirección estratégica de la empresa.
Las personas dotadas de esta aptitud son muy valoradas por su alto grado de influencia, compromiso, motivación, iniciativa y optimismo, así como por su intuición para la política empresarial.

10. Autoestima y seguridad en sí mismo.

La seguridad en uno mismo se convierte en la mayoría de las ocasiones en la mejor tarjeta de presentación de un buen profesional. Esta capacidad, que se ejercita desde que se inician los primeros trámites de la creación de una empresa, es uno de los aspectos más valorados y que más contribuyen a desarrollar una sólida carrera profesional.

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